@ladelaoctava

18 abril, 2014

Los piececitos marcados por calores pasados se derriten sobre asfalto caldeado al ir a tu encuentro. Las columnas manteneoras del divino templo de mi persona caminan al ritmo que mi corazón les marca. Las caderas se contonean con cadencia pesarosa sin querer romper el aire que las rodea sino acariciándolo. La cintura escondida guarda carcajadas reservadas para los chistes que la harán quebrarse. El suave valle con mi lunar favorito refugiado templa el fuego eterno que ha de prender nuestros cigarrillos compartidos. Los brazos recogidos se cruzan protegiendo lo que más duele, un corazón tembloroso aterrado y con frío.
Mi sonrisa oculta sólo se asoma en dulces miradas a retoños regordetes que se asombran ante el color de mis cabellos.
Con la de veces que la regalé.
Con la de veces que mis miradas se iluminaron sin soles ni lunas.

@ladelaoctava

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